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sábado, 5 de septiembre de 2009

Madagascar



Madagascar

El viajero no tiene por qué omitir por completo la imagen de isla tropical, pero este país ofrece mucho más que echarse en la arena de una playa y adentrarse en sus aguas transparentes para disfrutar de los arrecifes de coral. Los bosques de Madagascar conforman una masa vibrante de infinitas ramas, hojas goteantes y bestias saltarinas y extrañas recién salidas de la caja de sorpresas de la madre naturaleza. Lémures, camaleones, vincapervincas, baobabs, aloes, salamanquesas, sifakas y árboles pulpo. Separados del continente africano desde hace millones de años, sus frondosas arboledas constituyen el mayor gozo de un naturalista: han conservado singularidades y desarrollado peculiaridades que no pueden encontrarse en ningún otro lugar, y se pueden contemplar en una espectacular colección de parques nacionales accesibles.



Pero la gestión del socialismo malgache no ha conseguido aliviar las dificultades del territorio: parte de la población sufre de periódica malnutrición debido a las malas cosechas y fórmulas económicas inadecuadas, tanto nacionales como extranjeras. Con su paulatino poblamiento, las zonas boscosas se han visto reducidas a un menguado 15% de su extensión inicial, innumerables especies se hallan al borde de la extinción y el mantillo va desembocando al océano Índico a la velocidad del rayo. El paisaje alterna sobrecogedores bosques impolutos con una destrucción humana demoledora, en una escala apenas posible en otros territorios. Hay que verlo para creerlo.

Nombre oficial:República Democrática de Madagascar
Superficie: 594,180 km²
Población: 16.97 millones hab.
Capital: Antananarivo (Tana) (4,000.000 hab.)
Nacionalidades y etnias: malayo-indonesios; procedencia mixta de origen africano, malayo-indonesio y árabe; franceses, indios, criollos, comoranos
Idioma: malgache y francés

Madagascar es la cuarta isla más grande del mundo, después de Groenlandia, Nueva Guinea y Borneo. Su tamaño se aproxima al de la Península Ibérica. Situada en el océano Índico, está separada de Mozambique, en el continente africano, por los 400 km del canal de Mozambique. A diferencia de sus islas vecinas volcánicas (Mauricio, Reunión, Rodrigues y Comores), Madagascar forma parte de un trozo desprendido del continente africano, y no del resultado de una erupción volcánica (se separó del continente hace unos 165 millones de años). La mayor parte de la gran selva tropical (muy degradada) se extiende a lo largo de una estrecha franja costera oriental; la meseta central, en las tierras altas, consta de un clima fresco; al Oeste se extienden las llanuras y las mesetas bajas.

La temporada idónea para desplazarse a Madagascar abarca los meses de abril a octubre (el invierno del Sur), evitando la temporada de huracanes veraniegos (entre noviembre y marzo). Pero como Madagascar cuenta con una gran variedad climática, las altas tierras centrales pueden resultar igualmente agradables en el período estival.
Madagascar posee magníficos enclaves para bucear, a pesar de las presiones medioambientales sobre muchos de sus arrecifes. Los mejores se encuentran junto a las islas e isletas que rodean Nossi-Bé. Los abruptos caminos constituyen un auténtico desafío para el ciclismo: quienes prefieran practicarlo deberán proveerse de bicicletas de montaña resistentes y una generosa reserva de ruedas de recambio. Va cobrando adeptos la observación de ballenas, para la cual existen dos zonas especialmente indicadas: Taolognar, en el sur de Madagascar, y la cosa oeste de Île Ste-Marie, próxima a la costa este. Los parques nacionales ofrecen espléndidos entornos para el senderismo; en su territorio, las posibilidades de practicar fotografía son ilimitadas.

Via: Lonely Planet


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