Madagascar El viajero no tiene por qué omitir por completo la imagen de isla tropical, pero este país ofrece mucho más que echarse en la arena de una playa y adentrarse en sus aguas transparentes para disfrutar de los arrecifes de coral. Los bosques de Madagascar conforman una masa vibrante de infinitas ramas, hojas goteantes y bestias saltarinas y extrañas recién salidas de la caja de sorpresas de la madre naturaleza. Lémures, camaleones, vincapervincas, baobabs, aloes, salamanquesas, sifakas y árboles pulpo. Separados del continente africano desde hace millones de años, sus frondosas arboledas constituyen el mayor gozo de un naturalista: han conservado singularidades y desarrollado peculiaridades que no pueden encontrarse en ningún otro lugar, y se pueden contemplar en una espectacular colección de parques nacionales accesibles. Pero la gestión del socialismo malgache no ha conseguido aliviar las dificultades del territorio: parte de la población sufre de periódica malnutrición debido a las malas cosechas y fórmulas económicas inadecuadas, tanto nacionales como extranjeras. Con su paulatino poblamiento, las zonas boscosas se han visto reducidas a un menguado 15% de su extensión inicial, innumerables especies se hallan al borde de la extinción y el mantillo va desembocando al océano Índico a la velocidad del rayo. El paisaje alterna sobrecogedores bosques impolutos con una destrucción humana demoledora, en una escala apenas posible en otros territorios. Hay que verlo para creerlo. Nombre oficial:República Democrática de Madagascar Superficie: 594,180 km² Población: 16.97 millones hab. Capital: Antananarivo (Tana) (4,000.000 hab.) Nacionalidades y etnias: malayo-indonesios; procedencia mixta de origen africano, malayo-indonesio y árabe; franceses, indios, criollos, comoranos Idioma: malgache y francés Madagascar es la cuarta isla más grande del mundo, después de Groenlandia, Nueva Guinea y Borneo. Su tamaño se aproxima al de la Península Ibérica. Situada en el océano Índico, está separada de Mozambique, en el continente africano, por los 400 km del canal de Mozambique. A diferencia de sus islas vecinas volcánicas (Mauricio, Reunión, Rodrigues y Comores), Madagascar forma parte de un trozo desprendido del continente africano, y no del resultado de una erupción volcánica (se separó del continente hace unos 165 millones de años). La mayor parte de la gran selva tropical (muy degradada) se extiende a lo largo de una estrecha franja costera oriental; la meseta central, en las tierras altas, consta de un clima fresco; al Oeste se extienden las llanuras y las mesetas bajas. La temporada idónea para desplazarse a Madagascar abarca los meses de abril a octubre (el invierno del Sur), evitando la temporada de huracanes veraniegos (entre noviembre y marzo). Pero como Madagascar cuenta con una gran variedad climática, las altas tierras centrales pueden resultar igualmente agradables en el período estival. Madagascar posee magníficos enclaves para bucear, a pesar de las presiones medioambientales sobre muchos de sus arrecifes. Los mejores se encuentran junto a las islas e isletas que rodean Nossi-Bé. Los abruptos caminos constituyen un auténtico desafío para el ciclismo: quienes prefieran practicarlo deberán proveerse de bicicletas de montaña resistentes y una generosa reserva de ruedas de recambio. Va cobrando adeptos la observación de ballenas, para la cual existen dos zonas especialmente indicadas: Taolognar, en el sur de Madagascar, y la cosa oeste de Île Ste-Marie, próxima a la costa este. Los parques nacionales ofrecen espléndidos entornos para el senderismo; en su territorio, las posibilidades de practicar fotografía son ilimitadas. Via: Lonely Planet
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